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Un chino en un barco

Autor: Bruno lunes 21 julio 2008

Un chino en un barco

Podría decirse que, en 1987, los chinos redescubrieron el mar. Ese año, el Partido Comunista dio permiso a sus ciudadanos para bañarse en la costa, inaugurando el turismo masivo de playa. Muchos aún no estaban preparados para esa clase de recreo de modo que cuando cada tarde a las seis los altavoces daban por terminada la sesión, los guardacostas también reclamaban al personal que devolviera los miles de bañadores alquilados.

Las Zonas Económicas Especiales impulsadas sobre todo junto al mar por Deng Xiaoping son una gran clave para entender tanto el “milagro económico” postMao como el enorme impacto social de ese 1987. Desde entonces, la relación entre un chino cualquiera y el agua es otra cosa.

Hay fotos memorables de aquel verano en las playas de Qingdao, sede de las Olimpíadas marítimas 2008. Hoy, esta ex colonia alemana produce la cerveza más famosa del país y es una Meca del turismo interior que ilustra muy bien el cambio de ritmo de la China emergente, proporcionando imágenes que rompen estereotipos trasnochados y sugieren universos de los que nadie nos habló. Para empezar, Qingdao va a permitirnos ver a chinos en barcos que no sean piratas ni naveguen por el río Yangtsé.

Es cierto que el papel chino en los Juegos del mar ha sido históricamente discreto. Lo suyo es la gimnasia y los deportes de alguna forma vinculados a las artes marciales. Basta pasear las ciudades y ver la cantidad de practicantes de tai chi o wu su para comprender algunos porqués. A su vez, son muy populares el ping pong, el badmington, los saltos de trampolín…

La globalización y el imán capitalista han traído deportes como el fútbol, que no acaba de cuajar, si bien el tenis y el golf multiplican sus campos y el baloncesto gana terreno catapultado desde la NBA por el ídolo Yao Ming. Donde las prestaciones chinas continúan resultando una incógnita, es en las competiciones marítimas. Tantos años olvidando el litoral debería restarles posibilidades frente a países tradicionalmente más apegados al mar, pero quién sabe si la asombrosa inversión en I+D del gobierno, deporte incluido, situará a algún piragüista o capitán de velero en el podio.

China está mutando sin demasiadas contemplaciones para adaptarse a lo que haga falta. Y el mar, la hace. Los propios habitantes de Qingdao, o los de la ex colonia portuguesa de Macao, que hasta hace cuatro días intentaban desligarse de un legado cultural que juzgaban insultante, han comprendido que “la diferencia” es un anzuelo turístico y ahora miman la arquitectura alemana, los azulejos.

Adaptación. Elasticidad. China está aprendiendo a jugar en todas las superficies y, así, amplía el mundo proponiendo imágenes, ideas, mezclas inesperadas que nos enriquecen mientras despiertan nuevos miedos y fantasías. Que un chino en un barco se cuelgue una medalla olímpica podría hacer pensar en la llegada de una época que nos va a exigir a todos aún más flexibilidad.

Gabi Martínez

3 Responses to “Un chino en un barco”

  1. Montse de Paz dice:

    Gabi, qué interesante y oportuno tu artículo. ¿Has estado en China? Creo que los chinos serán muy capaces de irse desenvolviendo en deportes acuáticos. Históricamente han sido grandes navegantes y como pueblo siempre han sido disciplinados y capaces de adaptarse a todo.

    En cuanto al milagro chino… ahora nos sorprende, pero hace poco leí una reflexión de un economista, creo que era, que decía que no debería extrañarnos tanto. China ya ha sido la primera potencia mundial, durante muchos siglos, hasta las guerras boxer del siglo XIX y el colonialismo. La era de Mao y la revolución cultural han marcado un hito y un paréntesis en muchos sentidos traumático, pero que China resurja de sus cenizas no sería tan extraño. ¡Ya lo ha hecho otras veces! Es una cultura increíble de la que aún podemos aprender mucho.

    Otro asunto es el tema que preocupa a muchos: la sostenibilidad del desarrollo en un país con tantos millones de habitantes. Muchos afirman que si todos los chinos vivieran al mismo nivel que un europeo medio, harían falta varios planetas tierra para abastecer tanto consumo!! ¿Será cierto? Ojalá encontremos soluciones. Como bien dices, el despertar del «Dragón» nos requerirá a todos flexibilidad y replantearnos muchas cosas.

    Montse de Paz

  2. Chuan dice:

    Hola, soy chino. Trabajo en la mayor agencia de derechos autorales en China. Me alegro mucho de haber leido sus comentarios sobre China. Espero mantener en contacto con quienes tengan opiniones de nuestro pais.

    Mandame emails si le parece interesante.
    Muchas gracias!
    jiangchuan@ccopyright.com

  3. Hilario J. Rodríguez dice:

    Estuve en la agencia de Sandra Bruna y allí me dieron un ejemplar de tu último libro, con unos comentarios de lo más jugosos (Care Santos hablaba con admiración, y la suya es una opinión que tengo en cuenta).
    Acabo de terminarlo, durante un viaje por Europa, y sólo quería decirte que me parece lo mejor que he leído hasta la fecha sobre China desde cualquier posible punto de vista occidental. Los motivos son muchos. No sólo me pareces un maestro de la pincelada paisajística, sino también un maestro de la hibridación (a lo Sebald más que a lo Magris, que a veces no remonta el vuelo de la severidad). Pero lo que más me ha gustado es que a lo largo del libro (un libro sin desperdicio, emocionante) no me llama la atención tu contraste con China, más bien es tu contraste con otros que -como tú- también están en China, de profesión extranjeros (desgraciadamente, algunos sin vocación de observadores; y los observadores, por su parte, parecen demasiado embelesados para ver de verdad). ¡Magistral! La idea me parece sabrosa. También me parece sabroso ese apunte sobre la falsedad que presidió algunos de tus textos sobre China, teniendo en cuenta la desgana (y prepotencia) de quien te los encargó, que no quería otra cosa que simple sensacionalismo o entretenimiento. Y las menciones a tu hijo son… eléctricas, un cordón umbilical que nunca nos deja salir por completo de casa, aunque estemos lejos.
    Calculo que ya lo sabrás todo sobre China, al menos cualquier cosa que yo pueda sugerirte, aun así la temeridad por mi parte es enorme y te ofrezco unas películas de Stanley Kwan, Jia Zhang-Ke, Tian Zhuangzhuang y otros, que podrían interesarte. No sé.
    No se me ocurre más que darte las gracias por la ambición y por el despliegue, por la continua incomodidad (me encantan los detalles: hoteles baratos, comidas a veces rápidas, regateos, viajes en medios antediluvianos…), por el enorme abrazo que hay (espacial y, de forma engañosa, temporal), por el hiato barcelonés en mitad de la narración (un hiato que se dice sin más, sin inflexiones), y por mil motivos.
    Soy un adicto a los libros de viajes, aunque yo a tu libro lo calificaría de libro viajero.
    Mi más sincera enhorabuena.

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