Las emociones

Autor: noviembre 18, 2010

No sé hasta qué punto sabemos expresar nuestras emociones. Creo que uno de los grandes problemas que tenemos actualmente es que no nos atrevemos a demostrar nuestros sentimientos, somos rígidos y cada vez palpo más en mi entorno que demostrar a los demás que les quieres, o agradecer algo, o en un determinado momento emocionarte, cuesta mucho. Llevamos una máscara para cada situación y no somos nosotros mismos. Creo que muchos piensan que sacar fuera un sentimiento, sea el que sea, es signo de debilidad, y reconozco que a veces, yo misma, que siempre he sido bastante expresiva, me cuesta demostrarlos cuando antes me salían espontáneamente. Sin embargo, el caparazón que muchos llevan puesto te limita a que tú funciones igual y a veces veas fuera de lugar compartir un grito de entusiasmo cuando algo sale bien, llorar por haber conseguido algo o por haberlo perdido, e incluso dar un achuchón a ese amigo que le ves en horas bajas. No sé si hacerte mayor comporta adormecer la parte de esa niña espontánea, pero la cultura del “saber estar” nos está haciendo daño. ¡Es realmente una lástima! y creo que deberíamos intentar volver a ser más nosotros mismos, y tener siempre esa palabra bonita para el que se lo merece, saber como transmitir que te sientes mal para que los demás te apoyen e incluso saber decir con buenas palabras las cosas que te han molestado, y si cabe, insisto en mi blog de la semana pasada, saber pedir perdón y perdonar. Debo confesar que me emocioné leyendo vuestras respuestas a mi blog, y me hubiera gustado contestaros a todos, es más, me hubiera gustado daros un abrazo, pero no hice ni una cosa ni la otra, y guardé ese sentimiento para mi. Así que os envío un abrazo virtual enorme a todos y me propongo a partir de hoy volver a ser más yo, a pesar de lo que piensen los demás.

Por esta razón, mi recomendación de hoy la hago desde el sentimiento también, ya que EL SECRETO DE MI TURBANTE/ EL SECRET DEL MEU TURBANT, publicada por Planeta y Columna, obra ganadora del premio Prudenci Bertrana, me llegó al corazón. Leer la experiencia de Nadia me hizo pensar y admirar a esta persona, a la cual he tenido el placer de conocer, y que la considero una luchadora nata. El trabajo hecho por Agnès y Nadia en este libro es espectacular porque te metes en su historia casi sin notarlo, pero sufres y vives su experiencia hasta llegar a emocionarte, y eso precisamente es de lo que hablábamos hoy. Las cosas que salen del corazón son las verdaderas, y esta historia no podrá dejar indiferente a nadie. Os invito a emocionaros con ella, y empezar a hacer el trabajo de sacarnos la máscara para que veamos todos, de nuevo, a las personas, que es lo que realmente importa.

Comentarios de Las emociones

  1. Jo Grass 18/11/2010 a las 12:13 pm. Responder, Citar

    Me entristece muchísimo relacionarme con gente, incapaz de desprenderse de la máscara o el caparazón, bajo el que protegen la verdadera naturaleza de sus deseos;los impulsos espontáneos que te hacen vibrar frente a la adversidad o el éxito.
    Yo soy de las que lleva las emociones por bandera y regalo abrazos y gestos de cariño cuando me lo pide el cuerpo. Me preocupa el bienestar de la gente cuando trabajo en equipo y debo asumir la responsabilidad. Si consigues generar un ambiente de respeto y valoras al otro se genera empatía de inmediato y el trabajo fluye sin problemas; y cuando estos se presentan resulta más fácil abordar a las personas y tratar de solucionarlo de forma transparente, sin máscaras que nos impidan ser nosotros mismos. A veces resulta complicado pero,al menos resulta gratificante intentarlo. Tomo nota de tu recomendación de esta semana.
    Reflexión necesaria, la que nos regalas hoy.

  2. joan 18/11/2010 a las 2:05 pm. Responder, Citar

    Yo hace ya mucho tiempo, que llegue a la conclusión, de que no valía la pena ir disfrazado de quien no eres por el mundo.
    A través del tiempo, esta actitud me ha propocionado problemas y satisfacciones, pero te prometo Bruno que el saldo es altamente satisfactorio. La sbofetadas recibidas, que las ha habido, no tienen parangón con dormir cada noche de un tirón, y descubrir de tanto en tanto, que uno es una persona rica en amigos.Asi que por el bien de nuestras respectivas saludes mentales. ¡¡Abajo máscaras, hasta en tiempos de carnaval!!

  3. Francine 18/11/2010 a las 3:08 pm. Responder, Citar

    Justamente hace unos días, hablando con mi sobrina de 17 años, me hizo una reflexión que me parece más que acertada. Según ella cada persona somos tres personas en realidad (o tres máscaras, dado el tema): La que mostramos a los demás, la que creemos que los demás ven en nosotros y la que realmente perciben quienes nos rodean.
    A veces estamos tan preocupados por complacer al resto que nos olvidamos de complacernos a nosotros mismos y es probable que ni siquiera consigamos el objetivo de tanto esfuerzo.
    Así que…¡Don’t worry, be happy!

  4. Lola Mariné 18/11/2010 a las 3:17 pm. Responder, Citar

    Como bien dices, al mostrar nuestros sentimientos nos sentimos vulnerables y tememos que los demás no hagan lo mismo y nos puedan dañar (de hecho, pasa), pero con el tiempo he ido aprendiendo que llegas más a las personas y las relaciones se hacen más estrechas y auténticas cuando te muestras tal como eres.
    Sigo esforzándome en mi aprendizaje ;)

  5. Jaumet 18/11/2010 a las 3:17 pm. Responder, Citar

    Bruno, has dado en el clavo. Yo estoy dándole vueltas últimamente -por experiencias dolorosas en mi trabajo, en mi empresa- a ese enfrentamiento que nos rodea cada vez más, entre los dos polos opuestos de los valores humanos: nobleza y mezquindad.

    Me da la sensación de que vivimos en una sociedad que fomenta el ser mezquino, el ser ruin, miserable, despreciable, desleal, mala persona, el conocer la debilidad del otro para saber dónde atacarle para que le duela más. La nobleza, por el contrario, es la calidad de ser honrado, generoso, sincero, leal, solidario… y esos valores parecería, por lo que se ve y respira, que no se llevan.

    Voto por fomentar la calidad de las personas y su nobleza: larga vida a los nobles, y que desaparezcan los mezquinos.

    Jaumet

  6. Paz 18/11/2010 a las 5:46 pm. Responder, Citar

    No nos educan para saber expresar los sentimientos, especialmente los buenos. Muchas gente no tiene reparo alguno en insultar a alguien (sólo hace falta poner la tele 2 minutos) pero, cuánto nos cuesta decir te quiero, me gustas, me haces sentir bien, gracias o perdón. Yo misma, que soy muy efusiva y muy de abrazos y besos, a veces me cuestiono si no seré pesada o ñoña en determinadas ocasiones, es como si, cierta presión social me sirviera para auto censurarme y eso me da mucha rabia. Así que mucho amor para todos, la fuerza más poderosa del universo, sin duda. En cuanto al libro recomendado, me estremece sólo leer la reseña. Tomo nota.

  7. Montse de Paz 19/11/2010 a las 1:03 pm. Responder, Citar

    Hola! Pues yo creo, Sandra, que eres una persona muy expresiva y transparente, que sabes transmitir muy bien no sólo emociones, sino lo que piensas y crees. Jamás te he visto como alguien pertrechado tras una coraza. Me parece que te debe resultar muy difícil fingir.

    No creo que ocultemos tanto las emociones. No lo veo ni lo siento así. La gente es cada vez más espontánea y efusiva. Hemos vencido las rigideces de antes y a veces incluso lo que parece difícil es controlar las emociones, en el sentido que dar rienda suelta a según qué sentimientos en según qué circunstancias puede hacernos más daño que bien, a nosotros y a los demás. Sí, falta educación emocional, tanto para expresar emociones como para encauzarlas.

    Lo que sí es cierto es que siempre encontraremos personas con máscara, incluso hay quienes utilizan las emociones como antifaz para cubrirse o bien para jugar con los demás. Como dice Jaume, hoy prima el vivir en plan predador, para ver qué se puede sacar de los demás. Y hay quienes no dudan en utilizar los sentimientos para conseguir lo que quieren. Eso, en los equipos humanos se ve muchísimo. Hay lágrimas sinceras y necesarias, y las hay venenosas, también. ¿Y quién no ha recibido, alguna vez, un “beso de Judas”?

    El problema, para mí, no es tanto expresar o no emociones, que cada cual es como es (hay personas tímidas, o flemáticas, y personas muy extrovertidas, eso va con el temperamento de cada cual). El problema es la hipocresía y el miedo a mostrarse como uno es.

    Comparto la entrada de Joan totalmente. Y sí, a menudo recibes palos cuando vas con el corazón en la mano, pero duermes con mucha paz y sabes que tus amigos, pocos o muchos, ¡lo son de verdad!

  8. Francisco José Jurado 20/11/2010 a las 2:03 pm. Responder, Citar

    Querido Bruno:
    Quizás porque soy del sur y aquí estamos acostumbrados a ser más efusivos, emotivos y cercanos, estoy totalmente de acuerdo contigo (y con Montse y Joan) en que siempre es mejor “ser como uno es”. Yo, al menos, lo procuro. Y, por lo poco que sé o me dicen de ti, también tú lo haces, pequeño ratón. Además, piensa, Bruno, que a esos “enmascarados”, más tarde o más temprano, se les caerá el antifaz(y también la cara…, de vergüenza), pues nada hay más falso e inhumano que aprovecharse de la bondad y de las emociones del prójimo para beneficiarse en algo de ellas. Con su pan se lo coman…, ¡pero lejos de nosotros y de este blog!

  9. Montse 25/11/2010 a las 12:19 pm. Responder, Citar

    Bruno, tuve la suerte de traducir al castellano “El secret del meu turbant” y comparto contigo los elogios hacia las autoras. Destaco de la historia la capacidad del ser humano por resistir, de la que es un admirable ejemplo Nadia, la protagonista. La obra remueve conciencias y emociones. Mientras la traducía, yo lloraba, de pena, de rabia, de impotencia…

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